La coalición APRA-UNO condenada con saña por Acción Popular y sus aliados ha servido, sin embargo, para marcar la diferencia entre el primer gobierno de Belaunde de 1963-68 y el segundo de 1980-85. Es innegable que la coalición cometió excesos, sobre todo en la frecuente censura a numerosos ministros y hasta un gabinete en pleno, presidido por Oscar Trelles. Sin embargo, ha quedado demostrado que tuvo más virtudes que pecados, porque aquel primer gobierno del arquitecto quedó librado de corruptelas y del fracaso económico-financiero que, en cambio, no pudo evitarlo en su segundo periodo de 1980 a 1985, cuando contaba con una mayoría que lo encubría todo.

La conclusión de no pocos analistas serenos es favorable a la Coalición, cuya labor no fue tan negativa. Y es que por primera vez, una mayoría opositora en el Congreso sirvió de freno contra los desbordes a los que llegan los gobiernos con sus mayorías sumisas que apabullan con prepotencia a las minorías y cohonestan corruptelas. Gracias al control ejercido por la Coalición APRA-UNO -con todos sus excesos-, aquel primer gobierno de 1963 a 1968 fue inmensamente superior al del segundo periodo de 1980-85: hubo una buena disciplina fiscal y presupuestaria, no creció la deuda externa, de apenas 780 millones de dólares; los presupuestos fiscales se mantuvieron parejos, equilibrados, sin déficit y casi sin alteración. Durante los seis años no se produjo sino una sola devaluación monetaria, en 1968, que por su rareza causó conmoción pública, a tal punto que el presidente Belaunde calificó de traidores a la patria a los propiciadores de la caída del sol. Tampoco hubo inflación y los sueldos y salarios se mantuvieron estables. Lo más trascendental ha sido la capacidad fiscalizadora del Parlamento, ya que por primera vez funcionaron con efectividad y seriedad, pocas pero efectivas comisiones investigadoras con  resultados aleccionadores.

El más elocuente ejemplo fue la actuación de la Comisión Parlamentaria Investigadora del Contrabando, que tuve el honor de presidirla en la Cámara de Diputados y que destapó la red de corrupción, sobre cuyos responsables, civiles y militares, políticos, ministros, generales y almirantes recayeron sanciones, destituciones y condenas ejemplares en el Poder Judicial. En otras circunstancias habría sido impensable su funcionamiento con los resultados obtenidos y hasta hoy aplaudidos. La experiencia registra la inoperancia de las comisiones investigadoras controladas por el oficialismo porque muy lejos de ser esclarecedoras se convierten en encubridoras.

Los integrantes de la alianza AP-DC se lamentan injustamente, sin ningún argumento válido, de haber sufrido obstrucción en su gobierno por no haber contado con mayoría, tan acariciada por los regímenes que terminan en autocráticos. No reparan en que de haber tenido mayoría parlamentaria, su primer gobierno habría sido tan desastroso como el segundo. Basta comparar los guarismos en materia económica, fiscal, presupuestaria, monetaria y moral. El éxito en la lucha contra la corrupción debiera servirles para recordar con satisfacción que durante su primer gobierno no se produjeron los resultados traumáticos de su periodo de 1980-85, repleto de fracasos, desequilibrios fiscales, incremento de la deuda externa, inflación, devaluación monetaria, inseguridad, dramas sociales, corrupción y violencia terrorista. El corolario fue el castigo recibido en el proceso electoral de 1985 en que recibió una descalificadora derrota con tan sólo diez curules parlamentarias de las 99 conque contó en el periodo anterior.

El régimen de 1963-68, indudablemente fue la demostración de cómo debiera ser un sistema democrático, es decir, con un parlamento autónomo, sin interferencias ni ataduras ni consignas palaciegas. Ya lo reconoció y  celebró el propio presidente Belaunde, en su mensaje presidencial del 28 de julio de 1968, cuando sostuvo que los logros de la Comisión Investigadora del Contrabando se debieron a que vivíamos en democracia. Lo contrario ha sido la concentración del poder en el presidente que suele caer en tentación totalitaria, tal como aconteció con el desastre administrativo y moral del periodo 1985-90, presidido por García y avalado por una mayoría obediente.

LA COALICIÓN APRA-ACCIÓN POPULAR ELGABINETE CONVERSADO

No sólo funcionó la coalición APRA-UNO, igualmente, aunque por más breve término también nació, posteriormente, una segunda coalición o entendimiento o como quiera llamársela y fue la celebrada entre el APRA y ACCIÓN  POPULAR que ya se había separado de su anterior aliado el partido de Demócrata Cristiano, son las cosas que suceden pero que algunas se ocultan por subalternos intereses..

Fue  durante el año 1966 que la alianza gobernante de Acción Popular y la Democracia Cristiana ingresó a una etapa de deterioro por discrepancias entre los dos grupos, que se agravó con la renuncia  del  democristiano Luis Bedoya Reyes, para fundar el  Partido Popular Cristiano  quedó deshecha la alianza AP-DC, el 18 de diciembre de ese mismo año 1966. Tras dicha ruptura, advino una de incertidumbre en el grupo del gobierno, que se agravó en 1967 con la renuncia a Acción Popular, de uno de sus líderes, Edgardo Seoane Corrales. Ante su desconcierto, el comando de Acción Popular, en el afán de encontrar una vía de trabajo en el Parlamento, se propuso entonces a buscar puentes de entendimiento con el Partido Aprista por intermedio de Armando Villanueva y el comando aprista, hasta lograr  la formación del famoso “Gabinete Conversado”, el 30 de mayo de 1968 que tuvo como presidente  a Oswaldo Hercelles, ministro de Hacienda Manuel Ulloa. Este episodio precipitó el desentendimiento del APRA con la Unión Nacional Odriista que puso término a la coalición  APRA-UNO.   

Esta nueva coalición tuvo una vigencia de sólo poco más de siete meses, porque como consecuencia del escándalo generado por la fabricada página once, supuestamente desaparecida del Acta de Talara, el Gabinete Hercelles se vio obligada a renunciar, lo que creó una grave crisis política, que terminó aparentemente con la formación del nuevo gabinete, pr esidido por Miguel Mujica Gallo e integrado por Manuel Velarde Aspíllaga, Manuel Ulloa, Elías Mendoza,a Carlos Morales Machiavelo, Augusto Tamayo Vargas, Javier Corre Míllera, Federico Uranga, Alfonso Grados Bertorini y José Gagliardi,  que prestó juramento el 2 de octubre de 1968, y resultó ser  el de más breve vigencia de la historia política peruana, porque sólo rigió poco más de diez horas, ya que, en la madrugada del 3 de aquel mismo mes Velasco derrocó a Belaunde, luego de haberlo felicitado en el brindis por dicho acontecimiento, simulado su complacencia por el nuevo gabinete, que no fue sino una perversa actitud de deslealtad de parte del general que en esos momentos, en su condición de Comandante General del Ejército y Jefe del Comando Conjunto de la Fuerza Armada, gozaba de la confianza de Belaunde.