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Por lo menos tres fueron los movimientos revolucionarios insurgentes y federalistas de mayor trascendencia, acontecidos en el departamento, hoy región de Loreto. Fueron como expresión de protesta y rechazo contra la indiferencia, el desdén y el menosprecio del centralismo, que mantenía en total abandono a la población de Loreto y a sus instituciones militares y policiales, pese a la riqueza que generaba la explotación de sus recursos naturales más valiosos como el caucho, que significó más del 25 por ciento de las exportaciones nacionales y un porcentaje elevado del Presupuesto Fiscal.

Los citados pronunciamientos, contrariamente a la especie elaborada por algunos analistas de la plutocracia oficial, no tuvieron ningún a intención separatista. Sólo aspiraron a establecer un sistema justo de independencia y autonomía de las regiones contra el llamado “orden constituido”, que no era otra cosa que un asfixiante centralismo, hasta hoy no terminado. Aquellos calificativos entonces resultaron falaces y lo único verdadero fue el azote de la indiferencia capitalina, el desprecio de los inquilinos de palacio de gobierno y el abandono en que mantuvieron a los servidores públicos, a las tropas de las guarniciones en la Amazonía, a las que se les mantenía durante meses sin pagarles sus sueldos y salarios y hasta el importe de sus modestísimos ranchos, los servicios de salud, educación, saneamiento. La población creciente de Iquitos se mantenía de alguna manera, debido la influencia de inmigrantes y a la generosa protección eventual de la madre naturaleza..

El escritor Hildebrando Fuentes, que fuera prefecto de Loreto,  hasta 1905, limeño residente, se encargó de desmentir con energía la injusta acusación de antipatriotismo contra la colectividad loretana. En su libro sobre “Loreto: apuntes geográficos, históricos, estadísticos, políticos y sociales figura su respuesta, a tales iniquidades, a su retorno a Lima, reproducida en el periódico “La  Opinión Nacional” de fecha 17 de agosto de 1906. En él refuta tales infamias con conocimiento profundo de la verdad. Sostiene que nadie piensa en independencia y separación ni en imponer por la fuerza la forma federal a la República y dice que en Loreto hay más patriotismo que en muchos pueblos que blasonan de tal sentimiento sin sentirlo con tanta intensidad y tanta pureza como esa gente sencilla.

Y al  resaltar las actitudes de la colectividad de Loreto, señala Fuentes, un criollo limeño, residente en Iquitos como autoridad política.:

“El 28 de julio el niño loretano se regocija, la mujer como en ningún otro día se engalana, el hombre fuerte, el cauchero aguerrido reposa y se divierte, y hasta el anciano, que ya se encorva sobre  la tumba, tiene en sus labios una sonrisa. Y ¡Qué aún se piense que allá no se quiere a la patria, que allá pudiera surgir algún desorden político, que la idea federal pudiera imponerse por la fuerza, que ese trozo de la tierra peruana aspire a su independencia! ¡Qué error, jóvenes amigos! Y finaliza expresando:

“Lo que sí desearía Loreto es la federación peruana, porque esta forma política  de gobierno,  aunque todavía sería un mal p ara el resto de la República, que en gran parte no tiene aún toda la instrucción, todo el civismo, toda la fuerza, toda la riqueza necesarias para una conquista política de semejante magnitud, convendría sí a Loreto que tiene elementos para regirse por sí mismo y riqueza bastante para afrontar  el árduo problema”

De aquellas  manifestaciones han transcurrido más cien años, pero la situación no ha variado mucho. Por ello bueno es recordar acontecimientos históricos que han sembrado y construido hitos imborrables como las dos o tres acciones revolucionarias a las que nos referimos. De ellas, dos son las mas notables por cuanto lograron constituir gobiernos federales si bien independientes y autònomas pero respetuosas de la unidad de la República sin ningún atisbo separatista, tal como interesadamente refieren algunas mentes poco enteradas y también mal intencionadas.

Dos fueron las revoluciones más trascendentes que desembocaron en la organización de estados federales, presididos por juntas de gobierno: la primera, en 1895,  comandada por Ricardo Seminario y Aramburu y Mariano José Madueño, y la segunda, por Guillermo Cervantes, en 1921. Hubo otros conatos revolucionarios sin mucha repercusión. Todas ellos se inspiraron en ideas renovadoras descentralizadoras como expresión de repudio a la política de concentración del poder en Lima.

 

PRIMER GOBIERNO FEDERAL DEL  PERÚ CON SEDE EN IQUITOS

 

El 2 de mayo de 1896, Ricardo Seminario y Aramburu, y Mariano José Madueño, proclamaron el Estado Federal de Loreto como parte del nuevo Sistema Federal del Perú, sustento del programa de gobierno de Nicolás de Piérola, expresado con efusión durante su campaña electoral de 1895.

Consecuente con él, Seminario lo puso en ejecución tratando de iniciarlo con el primer gobierno federal, a manera de un modelo piloto, porque además así lo exigían las condiciones políticas, económicas y sociales de Loreto. Se  habían acumulado problemas vitales, y el descontento era general. Luego del pronunciamiento, fue integrada la Junta del Gobierno Federal, bajo la presidencia de Seminario y los miembros siguientes:  Secretario de Guerra y Comandante de las Fuerzas Terrestres y Fluviales, coronel Mariano José Madueño; Secretario de Gobierno, Obras Públicas y Colonización, Cecilio Hernández Isla; Secretario de Hacienda y Comercio, Juan C. del Águila; Secretario de Justicia y Culto e Instrucción, doctor Ezequiel Burga Cisneros; Secretario General del Consejo Federal, Benjamín J. Duble; Jefe del Estado Mayor, coronel Juan Fajardo; Jefe del Ejército en Acción, Luís Felipe Seminario; Jefe de la  Gendarmería, sargento mayor Aurelio Hora Arnayo.

Ricardo Seminario y Aramburu fue un colaborador de confianza del presidente Piérola, quien en su plataforma electoral había prometido modificar la estructura política del Perú e instaurar el sistema de estados federales autónomos con el fin de lograr el desarrollo integral del país. Seminario había sido destacado como jefe de las tropas acantonadas en Loreto, cuyo territorio fue siempre objeto de ambiciones de los países vecinos. Seminario, muy seguro y consecuente con el programa pierolista, optó por adelantar el plan y establecer el primer estado federal, como punto de partida a la espera de la instalación de otros similares en todo el país.

Probablemente, el proyecto pudo haber tenido éxito si en los demás departamentos se hubiesen producido similares actos, pero no fue así y, al contrario, se desató una campaña adversa contra el movimiento, calificado injusta e interesadamente, de “separatista” por los sectores que ya se habían trepado al carro pierolista y sumisamente trataban de adular al “califa”. Con ello, naturalmente, los grupos de poder de siempre lograron  desfigurar el programa, interesados en mantener la hegemonía centralista. El presidente Piérola proclive a entenderse con las clases plutocráticas, no vio mejor oportunidad para desconocer y negar su proclama descentralizadora, cediendo a las imposiciones de la oligarquía limeña y terminó por perseguir encarnizadamente a Seminario, ordenó combatir y derrocar a los revolucionarios de Iquitos. Envió a Iquitos, en la nave de guerra “Constitución”, 292 soldados armados utilizando la procelosa ruta del Estrecho de Magallanes. La decisión de Piérola estaba definida y demostró con ello su renuncia a sus proclamadas convicciones patrióticas originales durante su campaña electoral. Ricardo Seminario  no pudo contra los grupos interesados de Lima y terminó perseguido. El gobierno federal sólo tuvo vigencia durante algunos meses al haber sido sofocado por las fuerzas del ejército.

Una vez más, Nicolás de Piérola no tuvo inconveniente en traicionar a las aspiraciones de un pueblo, de la misma manera como traicionó a Cáceres y propició la división de las debilitadas fuerzas peruanas que sucumbieron en la infausta guerra con Chile.

 

 

SEGUNDO GOBIERNO FEDERAL DEL PERÚ

El 5 de agosto de 1921, Iquitos se convirtió, nuevamente, en la capital del nuevo estado federal, anunciada con la elocuencia de las descargas de cañones y fusiles a tiempo de publicar la proclama de Guillermo Cervantes, líder de tan espectacular movimiento revolucionario efectuado con relativo éxito. El comando revolucionario de civiles y militares quedó integrado por Guillermo Cervantes, Manuel Curiel, Carlos Hennigs, César, A. Velarde, Emilio Baez, Carlos A. Barreda, Lizardo Luque, Luis F. Azcarate. César A. Goizueta, Samuel Torres Videla, Max Caballero Alain, Héctor F. Barreto, Humberto Flores, Eliseo Zamudio, César Cereceda, Carlos Freyre, Tobías Vásquez, Pablo Lozano, Hermógenes Arévalo, Oscar Velásquez Chilet, Rafael Pérez, Juan Rúnciman, Ulises Reátegui Morey, Adolfo Laines Lozada, Jorge Arenas Loayza, Conrado Sarmiento, Juan Olórtergui V.,Abelardo Colmenares y Guillermo Barreto.

El comando explicó en un manifiesto las causas del movimiento, entre ellas, la traición de Leguía a favor de Colombia, mas tarde consumada con el tratado Salomón Lozano; luego el abandono económico y social de la región, el desprecio por la población y por los servidores civiles y militares a  los que no se les pagaba sus sueldos durante dos años, entre otras tropelías. Los revolucionarios, sin embargo, no pudieron de inmediato, satisfacer las desesperadas pero justas exigencias del pueblo puesto que las arcas de la Caja de Depósitos y Consignaciones, la Aduana y los bancos estaban vacías. El gobierno les había suspendido los  presupuestos y les sometió al aislamiento. Estas poderosas razones  los obligó a adoptar actitudes extremas, como las de acuñar moneda. La etapa del gobierno federalista duró poco más de cinco meses, desde agosto de 1921 hasta enero de 1922, pues, las tropas enviadas de Lima lo sofocaron después de no pocos combates sangrientos en diversos escenarios  con las consiguientes pérdidas de vidas.

Moneda regional : Los billetes cervantinos

Loreto fue el único departamento, en toda la historia peruana, que contó transitoriamente con  moneda propia obligado por la terribles consecuencias derivadas del perverso abandono al que fue sometido por el gobierno central, especialmente por el de Leguía. La circulación provisional de billetes de la nueva moneda no comenzó desde el momento en que se instauró el gobierno revolucionario de Cervantes sino después de haber agotado una serie de medidas orientadas a pagar los sueldos de los servidores públicos, de los oficiales y soldados de las guarniciones del Oriente Peruano, a quienes como ya se dijo, se les mantuvo impagos durante muchos meses, pese a que Loreto se había convertido en el más efectivo contribuyente del Fisco, precisamente, la revolución fue la respuesta a ese grave estado de abandono al que se le sometió.

La permanente situación de angustia que soportaban los empleados públicos y la población en general, se volvió insostenible cuando con el propósito de ahogar la revolución, la tiranía arreció con furia sus represalias contra el pueblo de Loreto, le suspendió, definitivamente, el envío de presupuesto y no había manera de pagar ni los más elementales servicios públicos: salud, medicinas, etc. Agotados los ingresos fiscales, debido al bloqueo de las operaciones comerciales, los bancos estaban vacíos, el comercio exterior quedó paralizado como consecuencia del cierre del puerto de Iquitos, ordenado por la tiranía leguiista. En el enjundioso relato de Samuel Torres Videla, uno de los protagonistas de aquella revolución, en su libro “La Revolución de Iquitos”, describe los esfuerzos denodados del comando revolucionario con el fin de proveerse de dinero, habiendo recurrido a todos los medios, hasta el forzado préstamo obtenido de los fondos del Banco del Perú y Londres, después haber agotado las arcas de la Aduana, la Tesorería Fiscal, la Caja de Depósitos y Consignaciones, etc. En la página 173 de su libro trascribe el texto del  decreto del 1 de octubre de 1921, en el que expresa, que dada la emergencia se vio obligado a emitir moneda, y la primera emisión ascendió a la cantidad de cincuenta mil libras de oro, en billetes de media libra, una libra y cinco libras con el respaldo y garantía de los presupuestos que adeudaba el Estado al departamento de Loreto. Posteriormente la emisión fue por cien mil libras mas. Los billetes tenían el carácter de provisionales y fueron denominados por el pueblo como “cervantinos” haciendo referencia al apellido de Guillermo Cervantes, inspirador de la revolución federalista. La a situación se normalizó hasta que las tropas enviadas por el tirano Leguía se impusieron por su superioridad numérica y bélica y emprendieron una feroz persecución contra los gestores de la revolución.

Así el gobierno federal llegó a su fin, y las represalias contra sus  integrantes y adeptos se intensificaron con agresividad no usada ni siquiera contra los enemigos de la patria. Los gestores de la revolución se vieron impelidos a salir del territorio peruano utilizando embarcaciones frágiles y todos los medios a su alcance, a fin de ponerse a buen recaudo y escapar de la feroz persecución de la que eran objeto por parte de tiranía de Leguía. Tuvo que transcurrir un tiempo para que se calmaran los ánimos en la población desconsolada que ya había perdido la fe en los gobiernos peruanos y que también vieron escaparse de sus manos la gran oportunidad de  poder dirigir sus propios destinos.