Las jóvenes generaciones ignoran que el 30 de abril de 1970, militares armados de metralletas invadieron la imprenta “Industrial Gráfica”, de la calle Chavín-Breña y se llevaron el libro “CONTRABANDO” (5,000 ejemplares), historia de hechos que comprometían a jefes militares y policiales en una red de contrabando, que estaban siendo esclarecidos por la Comisión Parlamentaria Investigadora, la que, entre otras denuncias, ya había generado acusaciones constitucionales, y logrado condena contra un almirante, ex ministro de Marina y Comandante de esa Fuerza, por el caso del  BAP “Callao” vehículo del contrabando por 200 millones de soles.

Aviones de RIPSA portadores de ilícitos aterrizaban libres en el aeródromo clandestino de “Las Brujas”- Pisco. Se hallaban en serio trámite otros dictámenes, sobre asuntos de gran magnitud vinculados con los bazares militares y policiales, conectados con una mafia panameña dirigida por José Trackman, en otros.

Unas semanas antes de la asonada, la Comisión había descubierto el desembarco en el Callao, de un sospechoso cargamento de algunas decenas de fardos, que llevaban  el membrete de  “Material de Guerra- Paracaídas”, pero contenían mercancía de contrabando y estaban dirigidos a la “Comandancia General del Ejército”, a cargo del referido general Velasco, por tanto existía una explicación pendiente. Todo eso y mucho más era el contenido del libro, objeto de la expoliación.

Dieciocho meses antes, el referido 3 de octubre de 1968, en que se perpetró la conspiración contra el gobierno de Belaunde, aquella misma madrugada, soldados armados habían invadido las oficinas de la Comisión Investigadora, en el Palacio Legislativo y se apropiaron de su archivo, que contenía los elementos  probatorios de la mafia. Había pues, un permanente seguimiento.

 

Testimonio del general EP Armando Artola Azcárate

Producido el derrocamiento del general Velasco, el 6 de mayo de 1976, y requerido por el semanario “El Tiempo”, dirigido por Alfonso Baella Tuesta, el ex ministro del Interior de la dictadura, general Artola sostuvo el siguiente  revelador interrogatorio:

          ¿Quien ordenó dicho secuestro? “

“El propio general Juan Velasco”. Fue la respuesta del referido general Artola

        “¿Cree usted que Velasco fue contrabandista antes del 3 de octubre de 1968?

          -No me consta, pero sí estoy seguro de que era lo bastante vivaz para saber para quién era el contrabando que se pasó como paracaídas.

        -¿Por qué no se siguió investigando los casos de contrabando?

        -¿Cómo se iba a investigar si los contrabandistas tenían la sartén por el mango?

        -¿Dónde están los archivos de la Comisión del Contrabando? Usted como ministro tenía que saberlo.

        -La sustracción de esos archivos se hizo bajo la dirección per­sonal de Velasco. Se me ocultó adrede íntegramente todo el proceso”

      ¿Dónde están los libros secuestrados de Vargas Haya?

       -Ya he explicado esto al señor Vargas Haya. El Ministerio del Interior nada tuvo que hacer en la desaparición de esos libros. Fue una operación dirigida personalmente por Velasco. Aconséjele que busque por los barrancos de Chorrillos. Allí puede encontrar alguna pista”

 

Sumisión de la Policía y del Poder Judicial

Ofrecida como prueba el testimonio precedente, sólo recibió las resoluciones complacientes a favor del dictador, y el rechazo de parte de todas las instancias judiciales, sometidas a la férula de la bota militar.

Para la Policía el secuestro fue sólo un vulgar robo, como si los ladrones se interesaran en robar libros. Mi denuncia ante el juez Reynaldo Martín, del 11º juzgado de instrucción, fue retenida desde agosto de 1970. El juez no hacía las notificaciones de ley y se limitó a la apertura de instrucción contra “posibles autores de un robo” y desestimó la imputa­ción expresa contra Velasco Alvarado. El Agente Fiscal, Rodrigo Arriola Iglesias, también la retuvo durante más de nueve meses, hasta el 3 de enero de 1972 en que la elevó al 4º Tribunal Correccional. El fiscal Fernando Cochela Caravelli, igualmente la inmovilizó durante seis meses, y el Tribunal la envió al archivo provisional el 9 de julio de 1973,  por “no haberse identificado a los responsables”.

Seis años duró la persecución. Sólo en 1976 y después del contragolpe liderado por el  general Francisco Morales Bermúdez,  a fines de 1975, fue el ministro del Interior, general EP César Campos Quesada, quien expidió una resolución, el 1 de diciembre de 1975, por la que se prestaba garantías para la reedición del libro, lo que permitió la publicación de hasta cuatro ediciones de diez mil libros cada una, a partir del mes de Marzo de 1976. Desde luego, fue el referido secuestro el que contribuyó con el gran éxito de librería.