Como tratando de demostrar gran solvencia moral, acaba de anunciarse, por ciertos sectores, que se preparan manifestaciones de protesta y rechazo contra la empresa ODEBRECHT, a la que se la califica, desde luego con razón, de empresa mafiosa y se exige medidas contra su presencia en el Perú. Pero la protesta y rechazo es tan sólo contra ella y no contra los políticos malandrines que se asociaron a la procesión corrupta de los sobornos y el fácil enriquecimiento ilícito en agravio de la nación, sin cuya venalidad no se pudiera podido producir ningún acto delictivo. Si los políticos comprometidos en la mafia no hubieran tenido la flaqueza de inclinarse ante el peso del soborno, ni cien  empresas ODEBRECHT habrían podido corromper.

Es verdad que, de acuerdo con los informes de las autoridades norteamericanas, esa empresa corruptora ha distribuido en coimas en el Perú, cuantiosas sumas millonarias de dólares, y hasta se señala que tales actos dolosos tuvieron lugar durante tres periodos de gobiernos, cuyos presidentes gozan de buena salud y sus funcionarios también. Es la repetición de la larga retahila de empresas extranjeras que desde hace algunas décadas han encontrado en el Perú un campo abonado para la picardía de bribones y malandrines que caminan sueltos. Como ha acontecido siempre, después de unas cuantas semanas, el caso ODEBRECHT pasará a la lista del olvido tal como pasaron: CONSORCIOS JÚPITER, en el caso de la venta fantasma de los catorce aviones MIRAGE; las empresas DESSAULT, SNECMA, THOMPSON, TRALIMA, la del tren eléctrico, PETROLERA MONTERRICO, BUSSINES TRACK, PETROAUDIOS, ECOTEVA, NARCOINDULTOS. Las decenas de empresas con las que se esfumaron 260 mil millones de dólares en la venta fraguada de 228 empresas del Estado, y decenas más que en esta carilla no podrían caber. Todos aquellos directivos que sobornaron así como los sobornados peruanos, gozan de buena salud y disfrutan de sus botines haciendo escarnio de la dignidad.

Siempre hemos sostenido que no hay corrupto sin corruptor, pero en el Perú no hay condena ni para el uno ni para el otro. Hasta los propios ciudadanos que protestan contra los delincuentes, no tienen empacho en otorgarles sus votos cada vez que hay elecciones. Ahora se protesta contra ODEBRECHT, está muy bien, pero ¿por qué no se protesta contra el visible ocultamiento de los pícaros que se asociaron al delito? Y ¿por qué igualmente no se protesta contra los fiscales que no identifican a los responsables? En Brasil, se halla preso el capo de dicha empresa, así como no pocos políticos que fueron involucrados en el delito. En este nuestro querido país, sólo se condena a los pájaros fruteros, a los que roban  bicicletas o celulares, o al cartero que porta la carta, pero no al autor ni a sus cómplices ¡Qué país!