El tema de ODEBRECHT no es un caso aislado. La corrupción en el Perú se halla programada, así nos lo demuestra la Historia. Bastaría referir, cómo a diferencia de las portentosas obras ejecutadas con en diversos lugares del mundo, el tiempo que los peruanos retienen, adrede, para la ejecución de proyectos de construcciones se prolongan en el tiempo a fin de dar oportunidad a que, políticos de mal oficio (civiles, militares, clericales y demás), generación tras generación le roben al Estado y acumulen riqueza. Pues bien, vale la pena detenernos, por un  momento, y efectuar algunas comparaciones entre la conducta observada en este desdichado país  con las fantásticas ejecuciones, inmensamente superiores  de diferentes lugares del mundo, que siendo muchas veces más gigantescas fueron y son culminadas en  tiempos breves, en tanto que en  este país, el plan es prolongar los proyectos y que la “vaca” no muera para que prosiga dando leche.

Veamos ahora: mientras  la represa de OLMOS, lleva la venerable edad de ochenta (80) años y aún no concluye, y la represa de Gallito Ciego, iniciada en 1963 ya cuenta con cerca de sesenta años, el gran Canal submarino que une Francia con Inglaterra, iniciado en 1987 fue concluido en 1992, sólo requirió de 5 años. El Canal de Suez, de 163 kilómetros fue concluido en diez años; iniciado en 1859  e inaugurado en 1869. Y el portentoso Canal de Panamá que debió sufrir dramas, un primer fracaso a cargo de la empresa Lesseps, por razones de las inclemencias de la zona que  la llevaron a la quiebra, entonces se encargó Estados Unidos y sin embargo fue inaugurado en  1914, la obra efectiva, en su etapa definitiva no requirió más de veinte años.  La fantástica represa de ITAIPÜ se inició en 1975 y concluyó en 1982 (siete años). La gigantesca central de XILOUD, cerca del río  Yantzé, sólo requirió de ocho años de construcción (de l205 al 2013)    La historia es interminable.

No hay una obra en el mundo que tenga la venerable edad de ochenta años y sin concluir como la de Olmos, o la de Gallito Ciego o la de Chavi Mochi. O los de los ferrocarriles, que habiéndose puesto al servicio, a comienzos de este siglo, más de cinco mil  kilómetros de vías, hoy en el 2017 sólo quedan alrededor de dos mil kilómetros, porque el resto de los más de tres mil kilómetros de rieles fueron levantados para venderlos al peso. Maniobra similar se encargó de eliminar el magnífico servicio de tranvías de Lima y de Arequipa y de trenes de Iquitos. Recordemos entonces a las viejas empresas que encontraron  suelo abonado para la mafia en el Perú: GiIBBS, MEIGGS, DREYAFUS, las empresas  del caucho y demás. Hoy son ODEBRECHT, GRAÑA Y MONTERO, etc. Mañana quien sabe.

Y así, sucesivamente podríamos llenar páginas para demostrar que Gonzalez Prada no se equivocó cuando sentenció “El Perú es un cuerpo enfermo de lacras morales incurables” y con él, igualmente, Manuel Atanasio Fuentes, Midendorff, Luis A. Eguiguren, Basadre, Pablo Macera, Alfonso W. Quiroz, en su Historia de la Corrupción en el Perú, entre otros, nos dejan estupefactos y sin palabras frente a lo que en este nuestro país la lacra corruptora se ha convertido en una forma de vida que ya a nadie le con mueve. La corrupción en  el Perú se halla asegurada ¿Corresponde a su idiosincrasia?