Es una farsa aquello de sostener que el Perú es un Estado Laico. Se miente al pregonar a todos los vientos tal inexactitud con la que se disfraza lo que en el país significa un real sometimiento a los designios de un credo al que se privilegia en desmedro antidemocrático de lo que significa una verdadera libertad religiosa. De acuerdo con lo determinado en el artículo 50º dee la Constitución Política, el Perú es una nación regida por un Estado confesional porque se halla profundamente vinculado a un sólo y determinado credo, así lo determina y consagra antidemocráticamente la Constitución Política del Perú, en su artículo 50º, cuando manda: “dentro de un régimen de independencia y autonomía, el Estado reconoce a la Iglesia Católica como elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú y le presta su colaboración”, texto transcrito de la Constitución de 1979, reproducción de todas las Constituciones que rigieron la curiosa y vida política de la República. Para que un Estado sea laico, tiene que estar total y absolutamente liberado de influencias religiosas, sin vinculaciones de ningún tipo y con el respeto, por igual, a todos los credos.

La nación peruana es confesional y dogmáticamente religiosa, no sólo por imperio constitucional sino por las profundas relaciones entre los asuntos del Estado, su vida política y los mandatos de la Iglesia, a la que la Nación le prodiga los más extraordinarios privilegios fiscales y económicos: goza de absoluta protección económica, no paga impuestos de ningún tipo, ni arbitrios, ni siquiera las licencias para construir y hacer funcionar templos, seminarios, escuelas, colegios, empresas comerciales como editoriales y librerías y otros. Adicionalmente, los más altos dignatarios eclesiásticos perciben sueldos del Erario, entre otras cosas. La Iglesia, además, interviene directamente en los asuntos políticos del país sin ser un Partido y consecuentemente, sin observar las reglas y obligaciones de los partidos políticos. Los gobiernos elegidos, antes de instalarse están obligados a pasar, previamente por la Catedral para asistir a ceremonias rituales, con la asistencia obligatoria, incluso, de aquellos funcionarios y dignatarios que profesan otros credos; en suma, no hay paso alguno en el que los poderes del Estado no tengan que cumplir con ritos eclesiásticos.

Si el Perú aspirase a ser una nación laica, tendría que eliminar de la Carta Constitucional, toda alusión a credos y dogmas religiosos y renunciar a prestarles su parcializado apoyo y adhesión, de la misma manera como no puede parcializarse y adherirse a determinadas ideologías y partidos políticos, porque hacerlo sería un escándalo totalitario.