Faltan escasamente cuatro años para la celebración del Bicentenario de la Declaración de la Independencia ¿Qué celebraremos? Me temo que todo ha de reducirse a jaranas, bailes populares, cuetes, avellanas y juegos artificiales con los que se iluminarán los cielos del Perú. Qué fatalidad que hasta la naturaleza se ha sumado a la incuria nacional. Para  decir una verdad, si resucitaran de sus tumbas José de la Riva Agüero y José Bernardo Tagle, entre otros, declarados traidores por su resistencia a la Emancipación, probablemente sonreirían al comprobar que tuvieron razón al sostener que era mejor una Monarquía Constitucional dependiente de la Corona. La reticencia a tal libertad quedó comprobada, además, cuando en los campos de Junín y Ayacucho, contingentes extranjeros que formaban el Ejército Patriota debieron enfrentarse a favor de la Independencia, contra el Ejército Realista, integrado por españoles y criollos peruanos. Más aún cuando el Perú fue el último de los países en inependizarse.

Una verdad monda y lironda es que el Perú carece de próceres de la Independencia. No fueron peruanos San Martín, Bolívar, Sucre, O´Learry, A renales, Brandsen, Cochrane, Miller, Guido, O´Higgins, O´Connor, etc etc.  Los peruanos que lideraron movimientos fueron sólo para oponerse a la Independencia. No por nada, no faltan historiadores que sostienen que la Independencia del Perú no fue obtenida sino concedida. Irónicamente, de la dependencia colonial el país, cayó a un sistémico militarismo criollo que durante más de cien años se apropió del país, en algunas ocasiones en sociedad con ciertas castas dominantes  que juntos crearon ciento treinta “presidentes” y fabricaron veintitrés llamadas “constituciones”, que no fueron sino una suerte de reglamentos cuarteleros. Ocurrió que como habían demasiados aspirantes a ser inquilinos del Palacio de Gobierno, debieron fraccionar al territorio. Así, en 1834, en un solo año funcionaron siete presidentes, simultáneamente: los generales  Andrés de Santa Cruz, Agustín Gamarra, José Luis Obegoso, José de la Riva Agüero, Pío Tristán, mariscal Domingo Nieto y general  Francisco Vidal.

Manuel Gonzalez Prada, hace unos cien  años sostenía que el Perú no era una nación sino un territorio ocupado por grupos étnicos diseminados, y José Matos Mar, hace trece años sostenía que el Perú era una “nación inconclusa”. Por su parte el historiador Pablo Macera dijo cierta vez que “el Perú era un burdel”, y tal como lo puntualizara Marco Aurelio Denegri, pronto surgió la respuesta del sicólogo Baldomero Cáceres, quien le respondió a Macera que estaba equivocado, porque “los burdeles son lugares bien organizados”. Sobre el tema de la nación peruana, su falta de solidez, su carencia de instituciones, su in formalidad política,  los tradicionales vicios, malas costumbres y corruptelas  abundan las crónicas de Ricardo Palma, Manuel Atanacio Fuentes, Luis Antonio Eguiguren, E. Middendorf, Jorge Basadre, etc. Entonces, sobran razones para preguntarnos ¿Qué celebraros en el año 2021?