Cuando faltaban sólo treinta días para el término de su mandato, el entonces presidente Alan García Pérez no encontró una mejor manera de despedirse que haciendo escarnio de la Patria, al haber adoptado la arbitraria e insultante actitud de concederle honores indebidos a un militar felón, al traidor Miguel Iglesias, al que, in péctore, le declaró héroe y dispuso el  traslado de sus restos mortales a la Cripta de los Héroes para que fuesen colocados, nada menos que cerca del mausoleo del auténtico héroe de La Breña, el general Andrés Avelino Cáceres, al que, precisamente, Iglesias combatió despiadada, artera y alevemente en la infausta guerra con Chile después de ponerse al servicio del almirante chileno Patricio Lynch, del que recibió ayuda militar y armamento chilenos para combatir contra el Perú.

¿Ignoraba García que Iglesias, después de pactar con los chilenos debilitó a las fuerzas peruanas y combatió contra ellas, hasta generar una sangrienta guerra civil que ocasionó la debacle del ejército del Perú? Ningún peruano bien nacido puede ignorar que Iglesias fue el nefasto personaje que no tuvo reparo alguno para entregarse a los intereses contrarios a la Patria y del que Cáceres, dijera: “Yo no veo en Iglesias sino a un teniente chileno, que obedece a los propósitos chilenos y que vive bajo la sombra de los chilenos”.

¿Qué subalternos y protervos intereses lo indujeron a García Pérez a enaltecer al general que pactó con el comando enemigo a cambio de ser apoyado en sus desenfrenadas ambiciones de convertirse en presidente del Perú, después de haber negociado su libertad en San Juan  y Chorrillos? ¿Ignora que fue Iglesias partidario de la rendición y el autor del manifiesto conocido como el “Grito de Montán”, antesala del humillante Tratado de Ancón por el que entregó a Chile las provincias Arica y Tarapacá, dejando a Tacna cautiva durante cincuenta años? ¿Acaso procedió así arbitrariamente para satisfacer algunos recónditos y extraños intereses? ¿Ignora que Miguel Iglesias fue declarado oficialmente traidor a la Patria, y borrado del Escalafón Militar por decreto supremo de 9 de noviembre de 1882?

La provocadora resolución por la que ocultamente nombró una comisión ad-hoc, para que preparase la maniobra, despertó, como era natural, la justificada y enérgica protesta de la Orden de la Legión del Mariscal Cáceres y de su Director, el general Pablo Correa Falen, quien  reprodujo las frases del intelectual Lizandro de la Puente, dirigidas a los héroes y mártires de la campaña de La Breña después de haber sobrevivido al terrible trance de Huamachuco: “Felices vosotros, que abandonasteis este escenario de corrupción y de miseria, mientras nosotros, en brazos de una implacable fatalidad, seguimos la triste peregrinación de la vida, contemplando la horrenda agonía de la Patria, escarnecida y traicionada por la ambición espuria de sus malos hijos”…“Pero tal escribiría también si hubiera asistido, como nosotros, a un tiempo semejante al que vivió, de corrupción y de miseria, cuyo epílogo ha sido, no hace mucho contemplar impotentes como se hacía escarnio de nuestros héroes y mártires, dándoles por ingrata compañía la de un  traidor que festejó como suyo el triunfo chileno en Huamachuco. Nos referimos a Miguel Iglesias el cobarde de Montán y el entreguista de Ancón, llevado en demencial espectáculo a la Cripta  de los Héroes por un mandatario que con esa ocasión y otras ha escrito su nombre en la historia de la infamia”.

Y en la revista de la Legión Cáceres, en marzo  del 2012, el  general Correa Falen recuerda lo que entre líneas sostenía el historiador chileno Gonzalo Bulnes  “…Iglesias podría ser héroe nacional de Chile……” Y  entre otras cosas, al censurar la arbitraria actitud, se preguntaba si acaso brotó en esa redacción el subconsciente de los miembros de la Comisión Oficial, nombrada  ad hoc, para avalar la propuesta de García. Pues en aquella Comisión, maliciosamente creada, al acatar el repudiable encargo, sus integrantes incurrieron en una grave responsabilidad ante la Nación. Y resulta maliciosa, mucho más, si excluyó a la Orden de la Legión Mariscal Cáceres.

No es extraña la devoción del ex presidente García, expresada en esta nueva ocasión, porque ya en oportunidad anterior se había despojado de la careta, con ocasión de  jurar el cargo de Presidente de la República, el 28 de julio del 2006, cuando en aquella ceremonia confesó, sin rubor, que inauguraba su gobierno bajo la memoria y ejemplo de Nicolás de Piérola, el felón que licenció a las tropas peruanas, huyó del escenario y se fugó por Canto Grande acompañado de otros fugitivos como el general Buendía, el marino Aurelio García y García, el coronel Martín Echenique y de otros numerosos militares. Era el mismo, conocido como “califa” el que firmó el lesivo contrato Dreyfus con el que  entregó la riqueza guanera a consorcios ingleses y por el que fuera acusado constitucionalmente, bajo las imputaciones fundadas de corrupción y alta traición. Protegido de Piérola, de aquel personaje ante quien  se rinde el ex presidente peruano, fue Miguel Iglesias, su ministro de Guerra y que puso el ejército del Norte, bajo su mando, al servicio de Chile, conspiró contra Lizardo Montero y propició la ocupación de Arequipa, a la que el alcalde Armando de la Fuente la  declaró  ciudad abierta, permitiendo el ingreso masivo de los chilenos  que encontraron hospitalidad, para luego voltear las armas contra el país.