¿No sería más sensato y políticamente patriótico un PROYECTO NACIONAL DE DESARROLLO, para unos 25 años, por ejemplo, para que todo gobierno se someta a él, antes de perder tiempo y presupuesto en censos para informarnos de lo que ya sabemos, de lo qué falta y de la situación de flaqueza política, económica, social y educativa en que se halla el país?

No es un secreto que el Perú es una nación inconclusa donde todo está por hacer, dividida por un ciego centralismo, cuyas consecuencias irracionales se parecen en mucho a lo que dejan los desastres naturales o las guerras ¿Europa, en poco tiempo fue reconstruida mediante el gran Plan Marshall conocido como Proyecto de Reconstrucción  Social y Económica, después de la devastadora segunda guerra mundial que cobró millones de víctimas y lo destruyó todo. A nadie se le ocurrió, entonces,  perder el tiempo y dinero en procedimientos obsoletos como los censos peruanos,  primitivamente practicados, visitando domicilios como si estuviéramos en la época del burro, cuando no había aviación ni teléfono, ni radio, ni televisión, ni internet ni satélite, y sobre todo cuando no   había poblaciones de alta densidad..      

Sabemos de sobra que millones de habitantes carecen de agua potable, de desagüe, de escuelas, de postas sanitarias y de hospitales. Faltan carreteras modernas, vías férreas, infraestructura, plantas generadoras de energía eléctrica, viviendas. La mortalidad infantil es la más alta, 27 por cada mil. Quinientos mil desesperados habitantes invaden Lima, anualmente con sus dramáticas consecuencias de delincuencia,  asesinatos y más pobreza. Todo esto es ampliamente conocido. Se ha celebrado en el Perú al rededor de  una veintena de censos, desde 1836, pero ¿Para qué sirvieron? En el Perú está casi todo está por hacer. El tema entonces es gobernar bien, construir, combatir la corrupción, construir escuelas, nosocomios etc, así ejecutivamente.

Y si con fines estadísticos se requiere conocer algunas referencias, para eso está la tecnología contemporánea ¿Para qué están el internet, el teléfono, el satélite, el correo electrónico etc?. Es risible paralizar al país y pedir a voluntariosos jóvenes que visiten casa por casa, como si estaríamos en la época de las aldeas, y como si  las modestas poblaciones de antaño no se hubieran multiplicado por decenas y centenas de millones de habitantes. Al iniciarse la Era Cristiana la población del mundo era de poco más de cincuenta millones de habitantes. Hace unos cien años, poco más de dos mil millones, hoy la población  mundial registra más  de siete mil millones. En 1950, Lima tenía un millón de habitantes, hoy once veces más. Vivíamos en familia entonces el tema era diferente.  Todo ha cambiado, los únicos que no cambiamos somos nosotros.