Hace  treinta y tres años, visitó el Perú el Papa Juan Pablo II, cuyos mensajes aún resuenan en los oídos de quienes fuimos testigos de aquel acontecimiento, pero se volatilizaron, se gasificaron. Ahora, nuevas aleccionadoras y sentenciosas admoniciones nos deja el Papa Francisco, quien con  su peculiar estilo lo único que ha comprobado en este nuestro valle de lágrimas fue sicariato, feminicidio, explotación de niños, depredación de la región amazónica, más corrupción, a tal punto de haberse preguntado: ¿Qué pasa en el Perú que los presidentes al concluir su mandato terminan en la cárcel?

Curiosamente, estos delitos eran poco conocidos entonces. Hoy treinta y tres años después, se hallan corregidos y aumentados. Quizá al Papa Francisco le hubiera faltado preguntarse ¿Qué pasó en treinta y tres años? Adonde fueron a parar las enseñanzas de Juan Pablo II, ¿Qué diría él si pudiera levantarse de su tumba?

Ahora y en vista de esta dramática realidad ¿Podrá el Papa Francisco verificar cómo fueron recibidos y además cumplidos sus mensajes?  Claro que lamentablemente no. Quizá más tarde nos visite algún otro sucesor  pontificio y traerá nuevos mensajes, enseñanzas y sentencias. Muchos de nosotros ya no estaremos. Serán otras generaciones que entonces se han de preguntar y  ¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué fue aquello del ama sua, ama llulla y ama quella?  ¿Acaso estos lemas son voces que nos dicen que desgraciadamente ya había vicios, corrupción y delincuencia? Pues, es bien sabido que contrariamente a lo que se cree, los lemas o sentencias o condenas  no se dan antes de la perpetración de los actos delictivos, sino posterior a ellos. Nadie advierte ni dicta normas punitivas sin la existencia de causas que las motiven. No hay efecto sin causa.  That is the question.