Es ya tradicional la proclividad a enaltecer a los que traicionaron a la Patria. No pocas ciudades del país fueron sometidas a la humillación de lucir en locales, parques y avenidas los nombres de ciertos elementos cuya mayor labor fue traicionar a la Patria. La central avenida de Lima lleva el nombre de Nicolás de Piérola, el del contrato Dreyfus, que sirvió para convertir en aliados a consorcios ingleses que actuaron contra el Perú en la guerra de 1879. Es el mismo califa que inventó la infamia contra  M. I. Prado, a fin de evitar que los armamentos adquiridos por el Perú pudiesen ser transportados oportunamente. Fue el inspirador y protector de Miguel Iglesias el autor del humillante Tratado de Ancón por el que entregó a Chile las provincias de Arica y Tarapacá.

Piérola es el que se fugó del barco inglés “Talismán”, en el puerto de Ilo, el 10 de octubre de 1874, cuando iba a ser capturado por Miguel Grau, quien lo persiguió a bordo del Monitor Huáscar. El barco estaba  cargado de material de guerra y viajaba rumbo al Sur. Historia que aparece del libro “Curiosidades en la Historia del Perú, Miscelánea  2º tomo, 1945, de Luis Antonio Eguiguren

José Rufino Echenique, uno de los gobernantes más corruptos, defenestrado por Castilla, también luce su nombre en calles limeñas. Su hijo, Juan Martín Echenique, ministro de Guerra de Miguel Iglesias, y apoderado de Piérola firmó el entreguista contrato con la Casa Dreyfus. Y fue premiado con el cargo de Alcalde Lima en 1898-99.

Una avenida de San Isidro luce el nombre de José Antonio Pezet, en cuyo gobierno se firmó el Tratado Vivanco-Pareja, que de no haber sido por el triunfo en la Batalla del Dos de Mayo de 1866, durante el gobierno de Mariano Ignacio Prado, gestor y organizador de la Cuádruple Alianza, el Perú retornaba a los dominios del Coloniaje.

Una de las más extensas avenidas en El Agustino, y en Trujillo, así como en otras ciudades, llevan el nombre de José de la Riva Agüero, primer presidente de la República, declarado por ley en 1824, traidor a la Patria por sus actos contrarios a la Emancipación. Y la sede de la Cancillería de la República, en el centro de Lima, denominado “Palacio de Torre Tagle”, honra así a José Bernardo Tagle, declarado, igualmente traidor, junto con  Riva Agüero por el  mismo delito de oponerse a la gesta libertaria del Perú.

Un caso infamante es el de quien ostenta indebidamente el honorífico grado de mariscal, el dictador, Oscar R. Benavides, el que si bien, siendo comandante del Ejército, participó en  el combate de La Pedrera, el 10 de julio de 1911, tan pronto como tomo el poder después de asesinar a Sánchez Cerro, el 23 de junio de 1933 entregó a Colombia la provincia de Leticia. Provincia que había sido rescatada  en una gran gesta triunfal del 1 de setiembre de 1932, diez años después de que por el artero Tratado Salomón-Lozano, fuera transferida por siete millones de pesos por el tirano Augusto B. Leguía. El nombre del tirano Leguía felizmente fue borrado de la avenida que hoy se denomina Arequipa.

Talvez, en alguna oportunidad feliz, se podría seguir el gran ejemplo del Ayuntamiento de Madrid-España, que en un acto aleccionador dispuso el cambio de treinta calles en las que se rendía homenaje indebido a personajes descalificados personajes amigos del detestable Franco.