Prominentes cronistas destacan las contradicciones sobre la sociedad Inca, dejando serias dudas respecto de la  historia peruana.  Debido a la carencia escritura del antiguo imperio,  se han  tejido diversas hipótesis. Nohay consenso ni siquiera en el número de incas. Garcilaso y otros, afirman que fueron doce o catorce.  Para el cronista jesuita, Fernando de Montesinos, reinaron más de noventa. Desde luego, aritméticamente no hay relación entre el exiguo número de incas y la etapa milenaria del incario. Porras, en su libro “Mito y Tradición e Historia del Perú” se apena  al señalar que la historia incaica no ofrezca sino las biografías de doce o catorce incas “impecables”, que la historia oficial y dirigida que encarnaba las ideas morales y políticas de la casta dirigente, bajo un concepto  «moralizador» excluía del recuento histórico a los malos gobernantes y a los que vulneraban las leyes y el honor.  Es una historia deformada que  exige ser esclarecida.   

 

Coca, alcohol,  incesto y perversiones

Lo que encontraron los conquistadores, dicen los cronistas, sólo fueron huestes de lo que habría sido una cultura milenaria poderosa, pero diezmada por la coca, el alcohol y las perversiones. Seres  desnutridos, engañosamente alimentados por la coca, que les  eliminaba el apetito, y dopados adoptaban fuerzas artificiales para  soportar el esclavizante trabajo al servicio de jerarcas en las escarpadas alturas de los Andes. Se adicionan las prácticas primitivas que los destruyeron progresivamente: relaciones degenerativas incestuosas, y hasta zoofílicas, graficadas en los huacos y esculturas exhibidos en museos antropológicos. El enciclopedista Francisco Carrillo, destaca  lo sostenido por Fray Martín de Murúa, en su obra, «Historia General del Perú, Origen y Descendencia de los Incas» Dice que eran dados al vicio y deshonestidad de la carne y que la llegada de los españoles al Perú había significado el fin del señorío de Lucifer y el principio del tiempo venturoso y los siglos dichosos». Sostienen los cronistas, que  las prácticas incestuosas serían las causas  de una probable deformación genética, trasmitida a lo largo de los siglos.

Sarmiento de Gamboa, en su portentosa obra, resalta que la proclividad de la comunidad Inca a tales prácticas estaba concebida bajo el concepto, no sólo de mantener el linaje, sino de acatar creencias primitivas, religiosas y de idolatría. La tendencia natural consistía en el obligado amancebamiento de doncellas, generalmente hermanas y primas hermanas, en las que procreaban a sus hijos sin control y por decenas, tal como lo sostenía Pachacútec, que murió en 1191 dejando a más de cien hijos, la mayoría en sus hermanas, práctica conocida como el hatun ayllu o inca panaca que significaba, gran linaje. Sólo cuatro eran de su matrimonio con Mama Anarguarqui. Decía que sus hermanas no podían tener mejor marido que su hermano. Sostienen los historiadores que Pachacútec, si alguna vez tenía a alguna viuda por mujer y ésta, una hija que le agradase, la tomaba también por concubina. Manco Cápac padre y tío del segundo inca, Sinchi Roca, en su hermana, con la que se casó.. Huayna Cápac, casado primero con Cusi Rímay Coya, tuvo muchas hijas pero al no tener ningún varón tomó por mujer a su hermana Rauba Ocllo, de la que nació el sanguinario y atroz Huáscar. Viracocha, a su muerte en 1258 dejó dos hijos legítimos y 90 bastardos, 50 varones y 30 mujeres, habidos en sus hermanas. Según la tradición inca, el ayuntamiento entre hermanos fue constante, por  creer que así se conservaba la casta.

Tiranía y crueldad

De cruel y atroz fue calificado Manco Cápac. Tiranizó a las comunidades Alcabizas, Sahuaseras, Calunchima, Copalimayta y otras, en el  valle del Cusco. Sinchi Roca mantuvo feroz opresión, hasta  su muerte, en el año 675, después de gobernar 19 años.  Pachacútec, noveno de la dinastía comenzó su imperio asesinando ferozmente a su hermano Inga Urcón, con una pedrada en la garganta lanzada por su hermano Inca Roca. Era uno de los más feroces de la dinastía, empedernido conquistador, que  sometía a las comunidades vencidas, mediante mitimaes, practicando rapiñas, atracos, muertes y toda clase de crueldades. Antes de morir nombró heredero a Topa Inga Yupanqui o Túpac Inca Yupanqui, cruel en la guerra, considerado el mayor tirano de  los incas. Falleció en el 1258. El dominador de los Chachapoyas fue el undécimo inca, Huayna Cápac. Soportó innumerables desastres y mortandades por parte de los Chiriguanas, hombres primitivos, desnudos que se alimentaban de carne humana. Al ingresar a la tierra de los Charcas, ocasionaron impresionante carnicería. Murió en Quito.

Tanto Garcilaso, el gran apologista del imperio, como otros cronistas, se valían de terceros y no de testimonios directos, como los recogidos en las entrañas mismas de las comunidades por Pedro Sarmiento de Gamboa, a quien la historiadora, Rosa Arciniega lo llama «el auténtico Ulises del Continente», gran explorador y estudioso empedernido que en su libro “Historia de los Incas” formula estas revelaciones impresionantes: «Cómo los incas se movieron a tiranizar las tierras de las Behetrías, sabido cómo en las antiguas edades, toda esta tierra era behetría y es necesario decir como empezaron su tiranía. Aunque todos vivían en simple libertad, sin reconocer señor, siempre había entre algunos valientes, que aspirando a mayoridad, hacían violencias en sus patrias y otros extranjeros por sujetarlos a su obediencia y ponerlos bajo su mando, para servirse de ellos y hacerlos tributarios. Y así salían bandas de unas regiones e iban a otras a hacer guerrerías, robos, muertes y usurpar las tierras de otros». Siguiendo la tradición, se determinó matar a Pahuac Gualca Maita, a quien tenía como sucesor de su padre Yahuar Huaca, para que le sucediese  Marcayuto. El sucesor fue Viracocha, el más feroz y tirano de todos los incas”.  

Esta  conducta violenta se refleja, en el desprecio por la vida humana, hasta nuestros días en las atrocidades de Cayaltí, donde por la posesión de tierras, decenas de campesinos se mataron a machetazos; o los asesinatos en las comunidades de Ayacucho, o las tragedias  sangrientas en el centro, sur y norte de la región andina, en los barrios marginales  y cuarteles.  Hechos en pleno siglo XXI,  que no diferencian de las atrocidades y crueldades de la época de los incas.  El cronista Francisco Carrillo, en su obra  «Cronistas del Perú Antiguo» Enciclopedia de la Literatura Peruana, pags..15-16–154 destaca la posición de Fray Martín de Murúa confrontándola con la de Guamán Poma de Ayala, gran defensor de su raza, y privilegia  a lo sostenido por Sarmiento de Gamboa, en su Historia Índica, en la que  certifica la más  inhumana tiranía de los “ingas” y de los curacas particulares, los cuales no son ni nunca fueron señores naturales, sino puestos por Topa Inga Yupanqui, el mayor y más atroz y dañoso tirano de todos».

 El alemán Richard Pietschmann, el gran descubridor de los originales del libro de Sarmiento de Gamboa, explica que ningún indio tenía derecho a la sucesión del trono.   Que los indios idolatraban y adoraban a las piedras, sacrificaban a los hombres y comían carne humana, pensando en que matando a sus enemigos servían de ese modo a Dios. Carrillo destaca las afirmaciones del cronista Alberto Flores Galindo, para quien «Los Comentarios Reales» es un libro polémico destinado a enfrentar a los cronistas toledanos y les refuta y corrige, apoyado en su humanismo, su conocimiento del quechua y su comprensión del mundo indio, y  sostiene que Garcilaso construye un mundo quechua idealizado y poetizado, un universo construido con lo que queda de las tradiciones incaicas.

Que el imperio incaico era despótico, lo reafirma la historiadora Rostworowski, en su obra “Historia del Tahuantinsuyo”, “.en .la historiografía andina era un hecho frecuente silenciar los acontecimientos y alterar los eventos,” y acusa a Garcilaso que se vio impulsado a trastocar los sucesos debido a la acumulación de rencores y odios, aumentados por la quema de la momia de Túpac Yupanqui y por el ensañamiento de los generales de Atahualpa en Huáscar y sus deudos, que lo afectaron profundamente.  Luego afirma que debido al hábito de adulterar los eventos se hace imposible relatar una historia inca verídica, coherente y segura, que  no existiendo documentación pero sí relatos deformados, la historia inca podría ser relatada de tres o cuatro maneras diferentes.

Respecto de último de los incas, Huáscar, asesinado por orden de su hermano Atahualpa., heredero de las atrocidades de sus antecesores. Por haber nacido en el pueblo de Huascarquihuar o Guascarquíguar, Tito Cusi Hualpa Indi Illapa, llamado Huáscar o Guáscar. Fue a comienzos del siglo XVI, después de la muerte de Huayna Cápac, en 1524, en que se desató la más terrible atrocidad, protagonizada por Atahualpa, hijo bastardo de Huayna Cápac y su prima de linaje, Tocto Coca.  Enterado Atahualpa, a su llegada a Huamachuco, de que un viejo oráculo le había vaticinado que  tendría un fin trágico por ser tan cruel, tirano y derramador de tanta sangre humana, entró en  incontenible indignación, acrecentada al enterarse de que desde la muerte de su padre Huayna Cápac, Huáscar era el preferido y había ya sido proclamado como su posible sucesor o el inca número doce y en consecuencia,  se hizo acreedor al odio  irreparable de su hermano  Atahualpa, el que presa de ira recurrió a la más feroz  manera de ultimarlo. Antes mandó asesinar al  propagador de los merecimientos sucesorios de Huáscar. Una alabarda de oro, le sirvió como arma  mortal para arrancarle la cabeza de un tajo al viejo oráculo vaticinador del fin que le esperaba. El cuerpo inerte del anciano oráculo fue quemado y lanzado por los aires, ante la algarabía de los seguidores de Atahualpa,. Grupos encabezados por Chalco Chima, organizaron fiestas y el retorno hacia el Cusco. Sus secuaces  empeñados en capturar a Huáscar, primero dieron feroz muerte a sus hermanos y luego arremetieron contra sus posibles seguidores a los que asesinaron de la manera más cruel, utilizando gigantescas piedras con las que aplastaron sus cuerpos ya sin vida. Relata Sarmiento que Araua Ocllo, madre de Huáscar dirigiéndose a su hijo preso y atado le dijo en voz alta: «Malaventurado de ti, tus crueldades y maldades te han traído a este estado ¿Y no te decía que no fueses tan cruel y que no matases ni deshonrases a los mensajeros de tu hermano Atahualpa? Y que dichas estas palabras  arremetió contra su hijo Huáscar propinándole una puñada en el rostro.

Sostiene Sarmiento  que, la característica de los pobladores del Incario era la crueldad, que Mama Guaco, era la más feroz y cruel de los ocho hermanos Ayar. Para rendir culto a las huacas  consideradas ídolos, según Polo de Ondegardo, los incas sacrificaban cada mes, en sus festividades, niños de diez años para abajo, incluyendo a las reses, a excepción de las hembras, reservadas para reproducción, y teniendo por mal agüero ciertas creencias, mataban a perros negros llamados apurucos y en la pampa, con ciertas ceremonias, hacían comer aquella carne a cierto género de gente. El cronista Anello Oliva, trasmite que los incas tenían por norma sacrificar carneros, patos y niños inocentes aunque tenían algún conocimiento del Dios verdadero. No por nada el gran James Joyce dice que la comunidad inca era una esplendorosa barbarie.

El cronista Pedro Cieza de León, confiere especial preocupación a la conducta cruel y sanguinaria de la sociedad inca. Y aunque trata de exaltar cierto papel civilizador de los incas afirma que fueron crueles con sus adversarios y también con los suyos, a quienes castigaban sin templanza y con ferocidad cuando realizaban actos contrarios a la voluntad de los jerarcas. Los escarmientos con los vencidos eran implacables. Y en cuanto a la celebración de sacrificios humanos, no sólo había obligados suicidios y entierros colectivos  de mujeres y niños rindiendo honores en las exequias de los Incas y de otros privilegiados y selectos señores, sino que, llegaban a sacrificar vidas de varones, mujeres y niños bajo el pretexto de aplacar a sus dioses. Menciona lugares concretos: Vilcas, Coropuna, isla de la Plata, cerro Huanacaure y otros, que sirvieron de escenarios en diversas oportunidades para la inmolación de víctimas humanas ofrecidas a sus dioses. Y es que la conducta sanguinaria fue la que marcó el rumbo de aquella etapa de hace alrededor de 1,000 años.  Los historiadores peruanos no han respondido casi nada al respecto, han soslayado mucho de lo que algunos observadores extranjeros han puesto de manifiesto en testimonios que, en no pocas ocasiones hasta fueron vetados por determinadas tiranías.

Algunos  importantes interrogantes

Sobre el poderío del referido imperio de millones de habitantes, del que se dice que era guerrero,  nadie explica, cómo haya podido ser destruido como un castillo de naipes por unas decenas de conquistadores montados a caballo. Más real es que lo que encontraron los  conquistadores ya no fue sino las huestes de lo que algunos miles de años atrás pudo haber sido un imperio, y que se hallaba casi exterminado. Dice la historiadora María Rostworowski, en su libro “Historia del Tahuantinsuyo”, que este Estado sucumbió ante un grupo de forasteros extranjeros arribados a sus costas, debido a la debilidad de su propia formación y por los mismos motivos que intervinieron en el origen de su expansión. Que  el espectacular derrumbe del Estado inca se produjo por una serie de motivos que se pueden dividir en causas visibles y causas invisibles. Que los fundamentos visibles fueron la guerra fratricida que dividió el poder y el mando, añadido a ellos la superioridad tecnológica europea.  Y  si en el aspecto social, para Pedro Cieza de León y Juan Betanzos, Luis E. Valcárcel, Gustavo Pons Muzzo, el viejo imperio era una sociedad socialmente justa, organizada, laboriosa, disciplinada, pacífica, democrática y poseedora de tantas otras virtudes hasta sacrosantas, tales afirmaciones fueron contradichas por Sarmiento de Gamboa, Fernando Montesinos, Fray Martín de Murúa, Anello Oliva, Diego Ortega y Morejón y Fray Cristóbal de Castro, entre otros. No es un secreto la  fratricida división originada en la ambición de poder y el avasallamiento sobre otras culturas como las de los Chancas, Chinchas, Mochicas, Chachapoyas y varias más.

Si como sostiene Garcilaso que el Incario era una sociedad  idílica, se requiere una respuesta acerca de lo sucedido en las generaciones posteriores, hasta nuestros días, y a la vez, preguntar por qué entonces, tan fácilmente han sido abandonados aquellos valores y ejemplos de virtuosidad, de trabajo, de honradez, de solidaridad, de patriotismo, de humanismo, etc. En los libros de historia para los escolares se resalta el lema vigente en el viejo imperio de los incas: ama súa, ama llulla, ama quella: no robar, no mentir, no ser ocioso,. ¿En  qué momento se originó el lema? Ningún lema nace de la nada sino como consecuencia de algo. Las divisas, apotegmas, y penas, sólo emanan de la necesidad imperiosa de combatir delitos ya existentes. No hay duda de que se han elaborado demasiados mitos en torno de la comunidad de los incas. La leyenda de los hermanos Ayar, la fundación del Cusco y el inicio del llamado imperio, después de “hundida” la varita tirada por Manco Cápac cerca del cerro Huanacaure, ha sido analizada por autores y críticos desde Sarmiento de Gamboa  pasando por Matienzos y otros. Al respecto  María Rostworowski  se pregunta ¿Sería este mito la versión oficial sobre  los Hijos del Sol? Es posible –continúa diciendo- que el arreglo de la leyenda narrada por  el inca escritor sea obra del propio Garcilaso, como una manera de presentar el mito a lectores europeos. Es por eso que conviene buscar otras versiones, más andinas, del relato fundacional..Ob. Cit. pag. 38-91.

 

Porras vs Garcilaso

Porras Barrenechea, en su magistral conferencia de 17 de mayo de 1951 en el Salón de Actos de la Facultad  de Letras  de la Universidad  Mayor de San Marcos, con ocasión del IV centenario de su fundación, dice que la sustentación de Sarmiento de Gamboa “se contrapone a la de Garcilaso, creador de un imperio utópico e idílico”, que “durante el siglo XIX se tachó la versión de Garcilaso de utópica y novelesca” y que algunos de los cronistas le habían tildado de desmemoriado y olvidado del quechua, por dejar el sabor de una fantasía, diferente a la manera de ser de las poblaciones incarias, de las behetrías del Cusco, desde donde habría que tomar el origen de la tiranía de los incas, basada en la crueldad y lo sanguinario de sus actos”... «la tradición arquelógica, desde el siglo XVI y el propio testimonio etnográfico actual, revelan que el indio peruano, tanto de la costa como de la sierra y, particularmente, el súbdito de los Incas, tuvo como característica esencial un tradicional instinto, un sentimiento  de adhesión a las formas adquiridas, un horror a la mutación, un afán de perpetuación del pasado que se manifiesta en todos sus actos y costumbres, y que encarna en instituciones y prácticas de carácter recordatorio....»  y que algunos cronistas le habían tildado de desmemoriado y olvidado del quechua». Porras. Mito, Tradición e Historia del Perú. pag. 19, 49 y 53.

  Y  sobre  los Comentarios Reales, sostiene: «Los relatos de Garcilaso sobre la vida de los Incas no parecen de la época bárbara sino de las vidas legendarias y monásticas de santos». Traduce así, su concepción respecto de la radical deformación acerca del imperio incaico, al que algunos cronistas como Garcilaso lo calificaron de pacífico y socialmente ejemplar. Porras, añade: «Riva Agüero, en su versión final se apoyaba en otras fuentes para descubrir un imperio incaico semejante al de Sarmiento de Gamboa, en el que trascurren con  vigor dramático, tiranías sangrientas, sublevaciones, matanzas, usurpaciones y, al final, intrigas de serrallo, corrupción y decadencia cortesanas».

Era milenaria incaica y Sarmiento de Gamboa

En la computación sumaria de Sarmiento, figura que la envejecida y terrible tiranía de los incas se inició por los años 565, durante el imperio de Justino II y el Sumopontificado de Juan III, y terminó en 1533. Esta verdad contradice a la falseada historia peruana que señala el siglo XII como punto de partida del  Incario, el que según otros  habría tenido una edad de sólo 300 años. Además,  debemos pensar si en sólo 300 años se haya podido construir toda  la ciclópea edificación antepasada.

Subsisten profundas discrepancias en torno de los orígenes, costumbres, culturas y conductas de la cultura peruana antigua.  Del mismo modo hay divergencias entre los cronistas sobre las formas de vida, conductas, vida sexual, prácticas incestuosas y promiscuas de los  antepasados. Igualmente hay abismales diferencias en cuanto a la edad y vigencia de los Incas. Así, Guaman Poma dominador del quechua, aymara y otros dialectos -según lo destaca el investigador Francisco Carrillo- señala que se trataba de un Mundo Andino Eterno, existente mucho antes, miles de años, antes del Imperio Incaico, pues, todo lo posterior no corresponde sino a etapas preinca, inca y conquista. Guamán Poma de Ayala «Cronistas del Perú Antiguo», Enciclopedia Histórica de la Literatura Peruana»,pag. 20, 4º tomo, ed. Horizonte 1989.

            Esta tesis, no desmentida, coincide con la de Sarmiento de Gamboa, quien refiriéndose, tan sólo a la etapa desde Manco Cápac hasta Atahualpa, habla de una duración de cerca de mil años, con lo que, de haber sido tan sólo doce, algunos incas tendrían registrados hasta cien años de gobierno cada uno, lo que resulta imposible, mucho más todavía si se tiene en consideración que ningún sucesor nace después que muere el anterior y la diferencia de edades entre uno y otro es mínima. Nadie ha podio explicar hasta ahora, cómo en 300 años, que es la edad que arbitrariamente se le adjudica al incario, a partir del siglo XII, haya podido ser posible el desarrollo de una cultura como la existente en la que son evidentes los pétreos  monumentos, reductos y fortines que simbolizan a un imperio, indudablemente milenario, como aconteció con las Pirámo9des de Egipto de Keops, Kefrén y Micerino, o Luxor y otras reliquias que requirieron  de la sucesión de varios faraones  y de milenios. Es que, la cultura egipcia  tuvo escritura. Desgraciadamente, la, incaria no la tuvo, fue ágrata, he ahí el drama.

¿Historia o mitología?

Si la historia es el relato de hechos acaecidos en el tiempo, en cambio, la mitología  es el conjunto de mitos o leyendas de una cultura o de un pueblo,  relato maravilloso y ficticio,  fuera del tiempo histórico de  cosas no realizadas, útiles sí para interpretar el origen del mundo y los grandes acontecimientos de la humanidad. Apasiona aquello del “mundo andino eterno”, llamado por Huamán Poma de Ayala, cuyos orígenes se pierden en el tiempo. El mito de la “varita mágica” “hundida” cerca del cerro Huanacaure para fundar el Cusco, es lo único que se toma como referencia como si se tratara de algo real. El mundo andino careció de escritura, lo que no ha permitido conocer la realidad de  aquella  comunidad primitiva, ágrafa, analfabeta y  bárbara. Los cronistas sólo deducen, acopian cuentos y fantasías hasta crear sus propias ficciones. La ilustre historiadora María Rostworowski sostiene con ironía, que el mito, según el cual Manco Cápac y Mama Ocllo salieron  del lago Titicaca, como pareja divina, para  fundar el Cusco, ahí donde se hundiera la varita mágica, fue inventado por Gracilaso, y que es posible que haya sido un arreglo suyo como una manera  de presentar la leyenda a los lectores europeos.

                Garcilaso, según sus críticos, fue un idealista y fantasioso, inventor de un imperio que él imaginó, mezcló la historia con mito,  realidad con fantasía. No se trata de  negar el pasado sino de situar el problema en su estricta medida, aunque será casi imposible llegar a conclusiones acerca de una cultura que careció de escritura. El mundo andino, no fue una civilización porque no se sustenta en la historia. Según Hegel, la historia  se divide en inmediata y reflexiva. La inmediata, la que el historiador revela los hechos que ha presenciado, y la reflexiva la que el historiador refiere  hechos debido a la investigación y el análisis, y que el motor parecía ser un sentimiento de libertad congénito en el hombre,  cosa  inexistente en la era inca  o pre inca.

            Para Spengler, las culturas están clasificadas en Egipcia, Babilónica, China, Antigua, Árabe, Occidental y Mexicana. Ni Hegel ni Froebenius ni Spranger ni Toynbee  consideran al mundo andino dentro de tal clasificación, por carecer de  escritura. Porras, sostiene: “los pueblos que carecieron de historia y que poseyeron únicamente leyendas o cantares populares, fueron pueblos de conciencia turbia y deben quedar excluidos de la historia universal y que el pasado preinscripcional o preliterario es vaguedad y leyenda, imposible de verificar por la posteridad. Que los incas  carecieron de civilización y de espíritu nacional, cuyas huellas son insuficientes para atestiguar su pasado.

Es un mito que el Cusco haya sido fundada, a raíz de la varita de Manco Cápac y Mama Ocllo en el siglo XII. Es imposible  que sólo hayan transcurrido 300 años antes de la llegada de los españoles, como lo es el que se haya tratado de un gran ejército y una población de diez millones. Resulta increíble que un puñado de personas y unos cuantos caballos hayan sido suficientes para hacer sucumbir a un “imperio tan poderoso”  

           

¿Historia o mitología?

Hay una tendencia a comparar la era incaria con las culturas egipcia y romana, sin reparar que en  ellas se ha independizado la mitología  de la historia. Así, por ejemplo, no fueron personas reales  Pandora, la Eva griega, Vulcano, Juno ni Júpiter ni Apolo ni Zeus ni Isis ni Osiris ni Atenea ni Minerva ni las Nereidas ni Adonis ni Atlas ni el minotauro, las harpías etc.. Sólo sirven para interpretar la historia y entenderla en todo cuanto ella no alcance a trasmitir. Las mitologías Griega y Romana, son simplemente eso, mitologías, independientes de la historia. Sus autores no tergiversan el sentido mitológico, instrumento de interpretación de las viejas civilizaciones, carentes de información histórica suficiente. Así, es fácil comprobar cómo, están claramente diferenciados los textos de mitología de los de la historia de Grecia, Roma, Egiptp, que no es ella caso del Perú, donde se ha fundido o confundido mitología e historia.

La mayoría de las historias sobre el Tahuantinsuyo debería llamarse con propiedad, “Mitología del Tahuantinsuyo”, salvo las historias como las de Pedro Sarmiento de Gamboa, de María Rostworowski, Porras, etc y los cronistas Estete, Betanzos, etc.. Francisco Carrillo consigna una crónica del Anónimo de Yucay, y dice que según otras versiones se trataba de un anónimo escrito en 1571 sobre el dominio de los Incas. Es inaceptable que el origen del Perú resida en el mito de los hermanos Ayar y en el hundimiento de una varita en un lago, como es inadmisible que sólo hayan transcurrido 300 años para ver organizado un imperio que requiere de milenios. No pudo haber sido la cultura incaica de la que se habla, sino sus huestes en total decadencia o quien sabe de grupos nómadas usufructuarios de una cultura fenecida. Otra contradicción es aquella que la comunidad andina fue exterminada, ya que de  haber sido así no existirían hasta hoy las que proliferaron y se multiplicaron en las profundidades andinas y que después de  500 años aún no se han incorporado a la civilización occidental, continúan sin hablar el idioma español, aferrados a sus ritos, leyendas y mitos, y como dijera Porras, sin propensión al cambio y a las mutaciones.

La  leyenda que hace creer a los estudiantes que el inca Tito Cusi Huallpa  lloraba sangre porque era valiente no hace sino deformar la conciencia de los estudiantes a los que se les obliga a llamarle lYahuar Huaca cuyo significado, en quechua, es «llora sangre».. Es verdad, dicho inca se lavaba los ojos en la laguna de Urpi Cancha, en  Piqui Llacta-Cusco, pero era para  lavarse los ojos porque sufría de conjuntivitis. A nadie  se le podría ocurrir que haya en el mundo, algún ser humano al que, sin ninguna razón patológica le manara sangre de  los ojos por ser valiente. Hay pues demasiados mitos que después de repetirlos son convertidos en historia.