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La historia del Perú es probablemente, una de las más controvertidas. Diversos historiadores y cronistas especializados nos trasmiten valiosas conclusiones, desde sus diversas ópticas: unos un tanto idealistas y fantasiosos, y otros realistas y desapasionados.
«La tendencia radical encarnada en la política fustigadora de González Prada y la corriente positivista, habían producido en la generación radical un hondo pesimismo sobre las fuerzas espirituales y la convicción de que el Perú se hallaba enfermo de lacras morales incurables, en estado de postración o de crisis». Raúl Porras Barrenechea “Mito y Tradición e Historia del Perú”, ed.1951, pag. 87
Y con crudeza reclamaba la escasez de aportes nacionales en la forja del conocimiento real de la historia peruana, derivada de la anarquía que siguió a la etapa de la Independencia y se lamentaba:
«Abundan las memorias de los generales y auxiliares extranjeros que vinieron al Perú a luchar por la Independencia, como Cochrane, Miller, O’Learry, Arenales, Brandsen, O’Connor, López, Guido, Herres y tantos otros, pero la contribución peruana es mínima». Porras: Ob. Cit. pag. 67.
Las bases del drama peruano las fijaron los grupos dominantes constituidos por el nefasto militarismo y la clase política, interesados en sus propios egoístas intereses. Ellos, contrariamente a lo sostenido, jamás quisieron desprenderse de la dependencia colonial y lucharon por permanecer sometidos al reinado de Fernando VII, o por interés o por incapacidad y temor a la Emancipación. El paso del Coloniaje a la República fue difícil y sólo posible, gracias a la actitud decidida de ejércitos extranjeros que coaligados acudieron en pos de conquistar la emancipación del Perú y asegurar la Independencia continental en peligro por la tendencia de los peruanos de continuar bajo la dependencia virreinal. A la legión organizada por Bolívar y Sucre, sobre la base de los ejércitos venezolano y colombiano se unieron los de Argentina y Chile para constituir el ejército patriota que debió enfrentarse a las fuerzas realistas del Perú, irónicamente integradas mayoritariamente por peruanos. Lograda la Emancipación, los criollos ansiosos de riquezas y poder fueron los primeros en adueñarse del Perú, de su Estado y de su destino. Desde el día siguiente de la Declaración de la Independencia aparecieron enconados resentimientos, conflictos y rivalidades en la disputa por el poder económico y político.
«La revolución de la Independencia y las guerras que inmediatamente siguieron (1821-1845) crearon como un vacío social, cosa que no ocurrió en otros países, como Chile donde hubo una esencial continuidad. La revolución en el Perú se escapó de las manos de la nobleza colonial. Ella, en conjunto, salvo excepciones fue favorable, de un modo u otro, al régimen antiguo y pretendió fórmulas monárquicas de convivencia hispano-peruana. Bolívar luchó no solamente contra los españoles sino también contra los peruanos. El Perú no tiene un gran héroe nacional de esa época”.- Basadre: “Sultanismo, Corrupción y Dependencia en el Perú”, Ed. 1981, pag. 11
Es obvio que fue gravitante en las victorias de Junín y Ayacucho el respaldo de los ejércitos de Colombia, Argentina, Chile y Venezuela, sin cuya acción no habría sido posible afianzar el éxito logrado, ya que la batalla entre realistas y patriotas fue un enfrentamiento entre peruanos defensores de la Corona y los del ejército bolivariano. La gesta del 9 de diciembre que celebra el ejército peruano como día suyo es la efemérides que legítimamente corresponde a las acciones del ejército patriota o continental integrado con ejércitos de cuatro naciones hermanas para pelear contra los defensores de la Corona.
Después de 1810, subsistía una posición extrema favorable a la constitución de Cádiz. Dice Basadre que la fórmula prevaleciente de gobierno se inclinaba radicalmente a la de los conservadores de tipo monárquico constitucional y que en 1821 surgió poderosa la tendencia de la monarquía. Los peruanos se resistían a ser independientes y preferían continuar asociados al imperio español. De ahí que, «hombres ilustres dentro de los cuales Riva Agüero y Torre Tagle se resistieron a la idea de un Perú que no conviviera con los españoles», «el indio no había visto de inmediato la transición de la colonia a la república. Varios años después de que se embarcó el último virrey, los habitantes de Huanta todavía combatían por Fernando VII».
La historia se repitió en la guerra con Chile. En el centro del Perú, indios peruanos peleaban enfrentados a Cáceres, creyendo que lo hacían contra el adversario, perversamente alimentados por sus enemigos declarados Piérola e Iglesias, el del grito de Montán que proclamada la paz con Chile a cualquier precio y promovieron la desunión nacional. No por nada se sostiene que la infausta guerra no la ganaron los chilenos sino que la perdieron los malos peruanos. Desde entonces casi nada ha cambiado. El Perú ya estuvo enfermo no sólo desde el día siguiente al del inicio de la República, sino desde de mucho más atrás ¿Acaso carga una pesada herencia sabe Dios desde cuando?