¿ES EL PARTIDO APRISTA LA EXPECTATIVA? (página 245)

Dentro de la curiosa política nacional, de tan variaos matices y contradicciones, muchos  fenómenos inesperado pueden surgir. Uno de ellos, que el antiaprismo haya desaparecido, y de ser así, el futuro puede ser diferente, aunque Luis Alberto Sánchez, con su acostumbrado in gen io sostenga que todo futuro es diferente, pero los peruanos anhelan que no sólo sea diferente sino mejor. En el caso aprista, todos esperan mejorar y componer esta sociedad incomprensible y desaparecer las lacras que la afectan.

De producirse lo esperado, el Partido Aprista Peruano está en la obligación de empezar a gobernar en 1985, pues ya no sólo es una alternativa sino una realidad proclamada por millones de peruanos desilusionados de las sucesivas experiencias hasta ahora puestas en práctica. Seculares errores cometidos y tantas equivocaciones en la elección de sus gobernantes y representantes deben de haber influido ya en la conciencia del pueblo peruano como para buscar otro sendero.

 Si ha de asumir al poder el Partido Aprista Peruano,  está obligado, definitivamente, a demostrar que la democracia por la que luchamos es realmente buena, positiva y la que anhela el país, siempre y cuando sea efectiva y no simplemente teórica que se queda en el proceso electoral y en él todas las ilusiones, las promesas y las esperanzas. El APRA debe vencer a todos los estratos sociales reaccionarios y convencer que la DEMOCRACIA formal no es suficiente sino que exige ponerse de manifiesto, en forma efectiva y dinámica, consiguiendo instrumentar los mecanismos orientados a la realización de reformas estructurales y al establecimiento de la positiva justicia social.

Para el Partido Aprista es un reto y un riesgo la asunción al Gobierno. Se trata de una prueba de grandes dimensiones. No le queda otro camino que el de demostrar la bondad de su programa, de su filosofía, de su doctrina. Su obligación es triunfar y hacer bien las cosas, porque al aprismo no le, perdonarán un fracaso, como le perdonaron a tantos otros partidos. Sus cincuenta y tres años de vigencia como Partido y la espera de la ciudadanía durante tanto tiempo han calado profundamente, a punto tal, que su sostenimiento en el gobierno le representará una tarea titánica orientada demostrar, como queda dicho, que la democracia no consiste sólo en ganar elecciones.

La ciudadanía no le perdonará pecados capitales, ni siquiera errores en el manejo del país; un fracaso le significaría su caída y su desaparición. Precisamente, en esta disyuntiva de vencer o morir está cifrado su éxito y también, la esperanza reivindicatoria para un pueblo que aspira encontrar el camino de su redención.

Más, la pregunta de rigor sigue en pie. La expectativa del pueblo peruano, del continente y del mundo descansa en comprobar si realmente el Partido Aprista Peruano implantará la democracia social y económica y si dentro del sistema por el que lucha, será capaz de las grandes transformaciones revolucionarias, de la emancipación del Perú respecto de los intereses imperialistas, de la equitativa distribución de la riqueza, la eliminación de intereses particulares y de ambiciones futuras, tanto de los grupos dominantes como de los aspirantes a gobernar, cuya preocupación deberá estar dirigida a desaparecer el analfabetismo, la desocupación, el hambre y la miseria.

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 ¿Puede ser el APRA el camino de la redención en el Perú? Todo dependerá de cómo el Partido Aprista Peruano implante la justicia social. No le será tan fácil resolver los grandes problemas socioeconómicos si no cumple con imponer un cambio sustancia acorde con los postulados primigenios proclamados desde 1931 por Haya de la Torre en el “Antiimperialismo y el APRA”, “Política Aprista” y “Treinta Años de Aprismo”, adecuándolos a los cambios exigidos por la actual situación en el mundo. No sólo es  cuestión de un cambio de guardia y de un relevo en Palacio de Gobierno, con el ingreso de un presidente por otro de unas bancadas parlamentarias por otras nuevas, sino, mucho más que eso.....